El viaje de los deseos (Parte 2)

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 Finalmente, el Día del Juicio llega y nuestro hombre deja su tumba con la demás gente, como langostas esparciéndose.
Está descalzo y desnudo, caminando en una tierra y bajo un cielo diferentes. Luego se queda con las criaturas sin escuchar nada más que un susurro silenciado.
Permanece sufriendo terriblemente bajo el sol abrasante, que está a sólo kilómetro y medio sobre las cabezas de las personas. Suda en exceso hasta que su sudor lo exaspera.
En ese punto, ve algo increíble.
Ve cómo los animales se reúnen en una escena que muestra cómo se establece la Justicia Divina definitiva.
Después que los animales son reunidos, empiezan a vengarse unos de otros en la medida en que las ovejas sin cuernos se vengan de las ovejas con cuernos que les dieron topes en esta vida. Entonces Al-lah, el Exaltado, les ordenará convertirse en polvo, y así ocurrirá de inmediato.
En ese momento, nuestro hombre se dirá a sí mismo: “¡Ay de mí! Si Al-lah le ha permitido a un animal, un ser irracional, que se vengue de otro, ¿cuál será mi destino? ¿Qué destino me espera cuando he golpeado personas, he maldecido, difamado y tomado ilegalmente el dinero de otros? ¿Qué va a hacer Al-lah conmigo?”
Entonces, aquellos a los que él haya agraviado y oprimido en esta vida mundana se apresurarán hacia él, lanzándole un sinnúmero de acusaciones: ¡Me golpeaste! ¡Me mentiste! ¡Me insultaste! ¡Tomaste mi dinero de forma ilegítima!
En ese momento, se dará cuenta de que ese es el día de la retribución, pero la redención será de manera distinta, a saber, a través de las buenas obras.
Por lo tanto, las personas a las que ha oprimido, engañado o insultado, se llevarán algunas de sus buenas obras. Si sus buenas obras se acaban antes de que haya pagado sus deudas por completo, se tomarán las malas obras de ellos y se añadirán a las suyas.
Aquí, recordará el destino de los animales después de la retribución y tendrá un deseo sorprendente: querrá ser polvo como los animales con el fin de no sufrir el tormento, {¡Ojalá fuera polvo [para no ser juzgado]!} [Corán 78:40]
Sin embargo, su deseo nunca se cumplirá.
Cuando llegue el tiempo de la distribución de los registros de las obras, verá a una persona tomando su registro con su mano derecha y anunciando alegremente: {Tomad y leed mi libro, ciertamente yo estaba seguro que sería juzgado.} [Corán 69:19-20], puesto que se habrá dado cuenta de que {Tendrá entonces una vida placentera, en un jardín elevado, cuyos frutos estarán al alcance de la mano.} [Corán 69:21-23]
Así que nuestro hombre estará esperando impaciente recibir su registro en la mano derecha, pero su mano izquierda girará hacia su espalda contra su voluntad hasta que su registro llegue a ella, y lo recibirá con su mano izquierda. En consecuencia, se dará cuenta de que está condenado. Gritará horrorizado, pidiendo otro deseo: {Ojalá no se me hubiera entregado mi libro. Ni tampoco se me hubiese juzgado. Ojalá hubiera sido definitiva [mi muerte].} [Corán 69:25-27]
Sin embargo, este es otro deseo inútil que no agregará nada al final.
En esta vida mundana, supongamos que un hombre tiene un niño pequeño al que ama mucho. Cada vez que su hijo enferma, desearía ocupar su lugar para concederle salud. Nunca habría vacilado en sacrificar su propia vida por el bien de su hijo si fuera necesario. Sin embargo, después de ver los horrores y tormentos del Día del Juicio, tiene otro deseo: desea rescatarse a sí mismo del tormento del Infierno, incluso a costa de su propio hijo. Ese es un día en el que {querrá el pecador salvarse del castigo de ese día ofreciendo como rescate a sus propios hijos} [Corán 70:11].
Los horrores de ese Día son tan duros que a uno le gustaría ser admitido en el Paraíso incluso a expensas de que su propio hijo sea lanzado al Infierno. No obstante, este no será más que un mero deseo igual a los anteriores.
Él entrará en el Infierno junto con sus deseos y sufrirá todo tipo de tormento: comer del árbol de Zarkum y beber agua hirviendo que deshace los intestinos. El tormento del agua hirviendo que se derrama sobre su cabeza y que derretirá lo que está en su vientre y su piel. También beberá el pus de la gente del Infierno, sus ropas serán de fuego y su sed y hambre serán incesantes, con comida que no satisfará su hambre y bebida que no saciará su sed.

 

 

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