Para la mujer

  1. Para la mujer
  2. El acoso sexual (Parte 1)

    • Fecha de publicación:21/04/2010
    • Sección:Varios
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    Las palabras acoso, incitación u hostigamiento sexual, son utilizadas para denominar un acto que moral y religiosamente es rechazado en el trato y la relación entre hombres y mujeres. Conocemos bien el significado idiomático de estos términos; por ello, no nos vamos a detener a explicarlos detalladamente, solo nos interesa en este momento lo que este tipo de comportamiento encierra: perversión, ofensa, humillación, dureza en el trato, irrespeto, amenaza y seducción; porque todos estos sentidos se hacen evidentes cuando el acosador inicia su macabra y pecaminosa acción. El acoso sexual es un atentado directo a la integridad misma de la mujer, es un acto que va en contra del trato noble, cordial y cariñoso que se debe tener para con ella.

    Al-lah, Enaltecido y Glorificado sea, instó a los hombres a que tuvieran un comportamiento fino y delicado hacia las mujeres, siendo el mismo Profeta Muhammad,  Sallallahu ‘alayhi  wa sallam , el más fiel ejemplo al respecto. Bujari, que Al-lah lo Perdone, registró que en uno de sus viajes el Mensajero de Al-lah,  Sallallahu ‘alayhi  wa sallam , le dijo a un hombre que estaba a cargo de llevar a los camellos en los que viajaban la mujeres: “¡Conduce más despacio que llevas la cristalería! (es decir las mujeres)”, cuando los camellos se apresuraban haciendo que ellas se movieran mucho y exponiéndolas a maltratarse dentro de sus montaduras.
    La forma en que el criminal hostiga a su pobre víctima puede ser verbal, cuando utiliza, al dirigirse hacia ella, palabras ofensivas, vulgares, eróticas, y las acompaña de movimientos, expresiones o señales sexuales; también, puede ser física, y esta por lo general sucede cuando el pervertido aprovecha corredores estrechos o lugares llenos de personas para tocarla; pero lo peor de todo esto es cuando la agresión va más allá, es decir, cuando hay violación, valiéndose de la soledad de lugares retirados y alejados de la vista de los demás.
    El acoso en algunos casos no es directo, más bien se trata de un acto parecido a la pesca, se lanza el anzuelo y se espera que caiga la presa. Los medios en que operan los facinerosos que siguen esta estrategia varían; hace unos años se veían jóvenes que escribían sus números de teléfono en un papel que arrojaban dentro de los automóviles de las mujeres, introducían en sus carteras o se los hacían llegar con sus hermanos menores. Las cosas en nuestros días han cambiado un poco, aunque esta modalidad sigue vigente, vemos cómo en centros comerciales, universidades y colegios, se envían invitaciones, números e insinuaciones por medio de los celulares, valiéndose de la tecnología bluetooth, por medio de las salas de chat, el Internet y los más insólitos métodos; lastimosamente, algunas mujeres curiosas caen en la trampa, y como menciona el dicho: “el pez muere por su boca”. Otros son más osados y se dedican a perseguir a las muchachas en los buses escolares, en sus carros o cuando se encuentran en un lugar público o de trabajo. Como vemos, los depravados no descansan y las mujeres corren peligro por todas partes.
    Causas del acoso
    Las causas que se pueden mencionar acerca de las razones que llevan a un hombre a que se convierta en un acosador son varias, a continuación mencionaremos algunas:
    ·         La fe débil o inexistente:
    Un acosador se caracteriza por que su fe o es muy débil o no existe en su corazón; además, es una persona cuya relación con Al-lah es nula, por lo que Él no lo protegerá de ser presa de su propio mal. Un individuo así nunca se preocupa por cumplir con ninguna de las formas de adoración exigidas por el Islam, no lee el Corán ni invoca a su Creador ni ora o suplica. Al alejarse de Al-lah el demonio se lo ha llevado consigo. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {A quien se aparte del recuerdo que el Misericordioso Envió [el Corán] le Asignaremos un demonio que será su compañero inseparable [y le susurrará el mal].} [Corán 43:36]
     
    ·         El ocio:
    El ocio es una enfermedad que mata y destruye el sano juicio y el vigor de la persona, pues el ser necesita ocuparse en algo beneficioso para crecer. Cuando el individuo no se dedica a ninguna actividad se expone a sí mismo a caer presa de los malos pensamientos, intenciones y comportamientos, creyendo que su proceder es solo un medio de entretención, pero se olvida del dolor, humillación y perjuicio que puede generar, además del duro castigo que recibirá el Día del Juicio cuando sea preguntado por lo que hizo con su vida; dijo el Profeta Muhammad,  Sallallahu ‘alayhi  wa sallam : “Ninguna persona se irá de la presencia de Al-lah el Día del Juicio hasta que no se le haya preguntado cuatro cosas: Su vida y cómo la vivió, su juventud y en qué la invirtió, su dinero, cómo lo consiguió y en qué lo gastó, y sobre el conocimiento que tuvo y qué hizo con él”. [At-Tabarani]
     
    ·         El libertinaje que ha invadido los medios de comunicación:
    La televisión, la prensa y la Internet han sido saturados de imágenes eróticas, sensuales y sexuales que hacen que desde el más pequeño al más anciano estalle en éxtasis al ver a las cantantes, las actrices y presentadoras que son usadas para promover el libertinaje. De esta manera, son muchos los jóvenes que pierden el sueño pensando en la manera de satisfacer el deseo sexual que esta campaña ha despertado en ellos. No hace falta que la mujer salga desnuda enfrente de todo mundo para llamar la atención, y al respecto, hace un poco más de 14 siglos, el Profeta Muhammad,  Sallallahu ‘alayhi  wa sallam , nos informó: “Al final de los tiempos habrán mujeres vestidas pero desnudas, sobre sus cabezas habrán adornos como las jorobas de los camellos…”, y nos previno diciéndonos: “Los ojos fornican, lo hacen cuando miran (lo prohibido)”.
     
    ·         Dificultar las cosas para hacer el bien y facilitar el camino del mal:
    Hoy en día es más fácil para un hombre o mujer fornicar que contraer matrimonio. Muchas familias exigen que las bodas de sus hijas sean lujosas, lo que representa para muchos hombres un gran inconveniente a la hora de pedir la mano de una mujer, pues los gastos son descomunales y él no cuenta con el dinero para ello.
    Sumado a estas razones tenemos la falta de decoro y castidad en la sociedad, la mezcla indiscriminada de ambos sexos, en especial en lugares en los que a veces está una mujer y un hombre a solas, en lugares de trabajo, el consumo de sustancias embriagantes y alucinógenas, la pérdida de autoridad de los padres, y la falta de una educación basada en los valores y principios establecidos por el Islam.

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