Para la mujer

  1. Para la mujer
  2. Una lección en el dolor (Parte I)

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    Dice el Corán (lo que se interpreta en español): {…¡Oh, siervos Míos! Vosotros que os habéis excedido [cometiendo pecados] en detrimento propio, no desesperéis de la misericordia de Al-lah; por cierto que Al-lah Puede Perdonar todos los pecados, porque Él es Absolvedor, Misericordioso.} [Corán 39:53]
    A veces cuesta mucho para hacernos despertar… para hacernos restablecer nuestras prioridades, para hacernos pensar sobre lo que realmente importa.
    Ciertamente no soy la excepción. De hecho, últimamente soy el mejor ejemplo.
    Hoy recibí una llamada telefónica. Era de mi hija, quien se estaba quedando con unos parientes durante el fin ce semana luego de haber pasado por el calvario de una larga semana de agotamiento emocional.
    Su voz en el teléfono, tranquila y segura, preguntó: “¿Puedes caminar ahora mamá?”
    Mi respuesta, Al Hamdu lil-lah, fue: “Sí, Al Hamdu lil-lah, estoy dando un pequeño paseo ahora”.
    La semana pasada ella vio a su madre tan frágil como nunca antes.
    Recostada sobre la cama con una lesión en la espalda, literalmente no podía moverme. No se trataba de un estirón de músculos, sino de una aguda hernia de discos que estaba pellizcando los nervios de abajo, no de uno, sino de ambos lados de mi cuerpo, no podía mover ni la pierna derecha ni la izquierda, estuve paralizada por algunos días.
    Este era el resultado de un mal procedimiento de la inyección de esteroides para corregir (lo que era originalmente) el dolor solo de mi lado izquierdo. Ahora puedo caminar, pero mi pierna derecha está dormida. El dolor era muy intenso, creí que entraría en shock, y luego se fue apagando poco a poco… hasta que ya no sentí nada. Mi neurocirujano me informó que incluso con la cirugía, podía continuar igual. Así que ahora tengo que caminar con un bastón.
    Todo sucede por una razón, y me llevó algún tiempo darme cuenta cuál era esa razón, pero finalmente caí en cuenta durante ese tiempo terrible y doloroso.
    Esta es una prueba… una de las pruebas personales en mi vida.
    Antes de continuar, primero brindaré una breve sinopsis de mi vida durante los últimos años:
    Había estado extremadamente dedicada a mi carrera. Comencé como propietaria de un negocio con mucho éxito como escritora independiente y directora de proyecto, es decir, hasta que cayó la economía. Entonces, conseguí una posición como gerente de proyecto en una prestigiosa corporación nacional, en mi propia oficina en un décimo piso.
    Tomó algún tiempo, pero me gané el respeto (o posiblemente el temor, no estoy segura de cuál) de mis colegas gerentes y compañeros de trabajo, quienes pensaban: “Esta chica musulmana será pan comido”… pero ellos no conocían mi carácter, Al Hamdu lil-lah.
    He superado los logros de muchos de mis colegas hombres, alcanzando metas que ellos fueron incapaces de alcanzar. Tenía que encargarme, además de mis responsabilidades principales, de los aspectos de publicidad, y más recientemente me habían encomendado un proyecto a gran escala, encabezando los procesos gerenciales y de desarrollo para una cadena de tiendas recientemente adquiridas.
    Y esto estaba adicionado a mi negocio casero, el de escritora independiente… no, nunca lo dejaré, creo que jamás podría dejar de escribir, ese siempre ha sido mi primer amor.
    Una amiga recientemente me preguntó acerca de mi horario de trabajo: “¿Qué estás tratando de hacer? ¿Estás tratando de demostrar algo?”
    Me dio mucho qué pensar porque realmente puso el dedo en la llaga… sí, yo estaba tratando de demostrar algo a alguien: a mí misma, a mi familia y a todo el mundo sobre la faz de la tierra también, supongo.
    Sí, puedo ser una mujer musulmana, puedo vestir modestamente, puedo usar hiyab, puedo tener mis valores islámicos; no tengo que estrechar tu mano para ganar respeto y SÍ, puedo trabajar en un ambiente empresarial y ser exitosa. ¡SÍ, YO PUEDO!
    Así que lo hice. He vivido como un robot. Despertarme, ir al trabajo, comer, dormir… y alcanzar éxitos en mi carrera… y últimamente me di cuenta que me he vuelto cada vez más infeliz.
    Porque, ¿por qué no?

    Y justo antes de que todos mis problemas médicos afloraran, me di cuenta por qué.

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