El futuro que es nuestro presente

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Toda Buena historia, ya sea narrada en un libro o en la pantalla, usualmente sigue el mismo patrón. Cuando se levanta el telón, el protagonista es presentado. Entones, aparece un obstáculo en su camino, y él o ella pasa la mayor parte de la trama lidiando con dicho obstáculo. La mayoría de las veces, surge el fracaso y el personaje principal sufre una caída. Nosotros, los lectores o espectadores, lo animamos a ser fuerte y haga lo que tenga que hacer. Y para un final satisfactorio, la mayoría de los autores y directores nos dan una historia de triunfo.

Sin embargo, ¿por qué la vida no es así de clara? ¿Por qué no escuchamos ese acompañamiento de fondo especial para cada situación, o somos testigos de un encuentro dramático que cambia completamente el juego? Siempre estamos adivinando, preguntándonos donde nos equivocamos y por qué nuestras experiencias son tan decepcionantes. Tropezamos inconscientemente con situaciones desagradables, luego despreciamos, en nuestro incomparable estilo juvenil, el fin del mundo, o de nuestras vidas, como lo conocemos.

Casi deseamos alguna clase de premonición. Queremos echar un vistazo a nuestro futuro, para ver tiempos mejores que nos den esperanzas, o para espiar los problemas que se esconden, para así estar prevenidos de antemano. Pensamos que si de algún modo pudiéramos vernos algunos años más adelante, seríamos más capaces de comprender dónde nos encontramos hoy en día. Después de todo, somos jóvenes, con toda nuestra vida por delante. Podríamos utilizar algunos consejos que se encuentran disponibles.

Entonces, eso lleva a muchos de nosotros a la puerta o el sitio web de videntes o adivinos. Por supuesto, afirmamos que solo es por diversión e insistimos en que leer los horóscopos diariamente es más un hábito que un interés serio.

En cuanto a la respuesta de nuestros mayores, a decir verdad, no parece haber ninguna. Ellos creen que es inofensivo involucrarse con la astrología. Para ellos, esto se trata de una fase que superaremos una vez nos demos cuenta que la vida es demasiado complicada como para ser predicha por alguien con una bola de cristal o talismanes misteriosos. Y tal vez lo haremos. Pero mientras tanto, ¿cómo puede la gravedad de este asunto escapar de ellos?

El Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, nos dijo que si solamente nos acercamos a un adivino –incluso si no tenemos la intención de aceptar lo que nos diga como verdad– nuestras “oraciones no serán aceptadas por cuarenta noches” [Muslim]. Y si, incluso solo por un instante, nos alegramos o nos entristecemos o nos asustamos debido a las lecturas de algún adivino, entones hemos creído en él y “descreído en lo que le fue revelado a Muhammad” [Ahmad].

Esto no puede ser tomado a la ligera, ni por nosotros ni por los mayores. De hecho, si consideramos esto un poco más a profundidad, ¿qué futuro es ese que tanto deseamos conocer? ¿Acaso incluye a dónde iremos una vez que nuestro tiempo en este mundo se termine? ¿Estamos desesperados por saber si iremos al Paraíso para estar allí por siempre y para siempre, o eternamente en el Infierno? ¿Es eso algo que nos importa o estamos muy seguros de un maravilloso destino en la otra vida? Estamos tan concentrados en esta vida y pendientes de cada aspecto de ella, ya sea oculto, prohibido o no visto, que nos hemos olvidado de la otra vida. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {Solo conocen [lo aparente de] la vida mundanal, y descuidan la otra vida.} [Corán 30:7]

No cabe duda de que la vida es extraña. No nos da ninguna pista y espera que juguemos solos e improvisemos. Y si nos equivocamos, no hay nadie que derrame una lágrima por nosotros, como lo hace la gente sensible cuando observa una triste historia en un cine. Parece que somos titiriteros, marionetas y espectadores de nuestro propio espectáculo.

Puede ser que la enormidad de esto también está detrás de nuestra inclinación por conocer el futuro, entonces, no es solo el puro aburrimiento o la fuerte curiosidad. Nuestra preocupación por lo oculto nos ha llevado a verlo como una carga, en lugar de algo hermoso que representa el libre albedrío que nos Ha otorgado nuestro Creador. Pero las dudas nos invaden; así que preferimos “adivinar” la posibilidad de conseguir grandes cosas y si, al final, nuestro esfuerzo vale la pena.

Y, sin embargo, nuestra vida es una prueba. No hacemos prácticas previas o un manual de instrucciones; tampoco pueden los horóscopos ni nos adivinos darnos uno. Lo que necesitamos, en vez de “adelantos” o “vistazos previos” de una buena vida, es que nuestros mayores nos enseñen con la práctica como se consigue esto. Y, en el proceso, nos ayuden a darnos cuenta que no es nuestro futuro lo que debe preocuparnos, sino lo que estamos haciendo actualmente, porque {… nadie sabe qué le deparará el día siguiente…} [Corán 31:34]; por tanto, {que cada alma considere cuánto ha realizado para [el Juicio de] mañana…} [Corán 59:18]

 

 

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